Aunque ha llovido por la noche, amanece bueno y nos ponemos en marcha prontito, que hay que recoger y limpiar la fragoneta, ir al aeropuerto, dejar las maletas allí y devolver la frago. La dejamos a buen recaudo y cogemos el autobús para el centro de Christchurch. La ciudad, como su nombre indica, fue fundada por la iglesia de Inglaterra y quisieron que fuera la más inglesa de todas las poblaciones de NZ. La verdad es que es cierto: en algunas calles parece que estás en la pequeña albión. Desayunamos en el Café Roma, al pie del río Avon. Después nos hacemos una rutita andando que viene en la Lonely (siempre la Lonely…). Vemos calles muy chulas, con antiguas naves reconvertidas en tiendas de diseño, bares de copas, gondolieros por el río… Hay un tranvía turístico que va por el centro, pero no lo cogemos. Hace bueno y preferimos caminar.
Por la tarde llegamos al parque de la ciudad, típicamente inglés, muy bonito y lleno de gente haciendo cosas. Incluso vemos a unos abueletes navegando en el lago Victoria con maquetas de barcos de vela. Era una regata en toda regla, sí señor. Después entramos en el museo de Canterbury, que es la región donde está Christchurch. No está mal. Te explican cosas de los maoríes, de la inmigración…
Luego comemos en el bar Coyote. Pedimos Whitebait: son como nuestros chanquetitos. Nos los ponen en tortilla, con patatas fritas y ensalada. Muy rico. Aunque tanta cerveza me acaba pasando factura en la vejiga y llego al aeropuerto a puntito de reventar…
Y aquí estamos, en el aeropuerto desde las 5 y cuarto de la tarde porque la consigna cerraba a las seis (malditos horarios neozelandeses!!), esperando a que salga el avión (22:25) para Auckland. No hemos empezado el viaje de vuelta y ¡ya estoy harto de aeropuertos!
Y bueno, aquí acaba este diario. Mañana volamos a Seúl y el viernes a Madrid. Ha sido una bonita forma de compartir este viaje con vosotros, y de ahorrarnos/ahorraros la temida sesión de fotos. Gracias por los mensajes y por el interés. Besotes para todos.